¿Terapia en la Selva Misionera?

Los árboles sanan. No hay dudas; lo sabemos quienes vivimos cerca de los árboles y lo evidenció la ciencia.  Tan importante son para la salud física, mental y espiritual, que muchos países ya lo incorporaron como parte de recetas médicas.

El concepto de “bosque sanador” no es nuevo. Lo reflejamos hoy en esta nota porque consideramos que es un hermoso aliado en la conservación de la Selva de Misiones. Hablamos del “bosque” nativo, claro,  o del “monte”, como decimos acá, y no del monocultivo de especies exóticas.

Así, en el monte tenemos los “árboles medicinas” que aportan materias primas para elaborar remedios  y los árboles que en su conjunto nos brindan bienestar de muchas maneras y mejoran la salud.

Con sólo permanecer en un lugar con árboles nativos, las personas pueden mejorar su salud. “Estudios científicos demuestran que la Selva, y en especial algunos árboles, liberan fitoncidas (compuestos volátiles que protegen a los árboles de las bacterias, insectos y hongos). Éstos penetran a través de los pulmones y la piel de las personas, siendo capaces de matar e inhibir el desarrollo de microbios patógenos, y aumentar el número y actividad de células humanas defensivas que protegen de enfermedades infecciosas. Además, participan activamente en el metabolismo y tienen un efecto positivo en el cerebro humano. Normalizan el ritmo cardíaco y la presión arterial; reducen los niveles de hormonas del estrés y  los marcadores de ansiedad, ira, fatiga y confusión, mejorando notablemente la salud de las personas”, dice una nota publicada en Publimetro.cl

Baños de aire de bosque

En Japón, el contacto con la naturaleza se promueve oficialmente por sus efectos benéficos en la salud física, mental y emocional. Desde 1982, sus gobernantes lo impulsan por considerarlo terapéutico. En ese país, los médicos recetan, a ciudadanos afectados por estrés y otras dolencias, realizar paseos en áreas verdes – denominados “Shinrin-yoku” o “baños de aire del bosque”-, y los resultados –evaluados por inmunólogos, neurólogos y fisiólogos- son concluyentes: tras dos horas de paseo por un bosque disminuye la hormona del estrés (cortisol), aumenta la concentración de linfocitos y proteínas anti cáncer; y la actividad cerebral se desplaza a áreas del cerebro relacionadas con la emoción, el placer y la empatía.

El poder terapéutico de los árboles se debe en gran parte a la calidad del aire que ellos generan. Es que los árboles retiran de la atmósfera dióxido de carbono, gases nocivos y partículas dañinas; allí, el aire es más saludable porque contiene compuestos orgánicos volátiles que los árboles emiten; y es más fresco y húmedo, por la sombra de los árboles que además reducen la pérdida y evaporación de agua.

“Entre todos esos aspectos de la calidad del aire, los compuestos volátiles son de gran valor curativo. Esos compuestos son los principales responsables del efecto beneficioso sobre el sistema inmunológico. En Japón, se han realizado experimentos con diversos compuestos aromáticos naturales, como pinenos, limonenos, cedrol o isoprenos, demostrándose en algunos de ellos su efecto antimicrobiano y supresor de tumores. De hecho, con estos compuestos volátiles se elaboran los aceites esenciales que se usan en aromaterapia y medicina holística”, revela el portal http://losarbolesinvisibles.com.

De Noruega a Chile

En Corea del Sur, el gobierno también estableció «bosques de sanación» para sus habitantes; en Noruega, los dos hospitalesmás grandes (Hospital Universitario de Oslo y al Hospital Kristiansand de Sørlandet), crearon Retiros de Atención al Aire Libre conocidos como ‘friluftssykehuset’, y en Escocia, los médicos están autorizados para recetar viajes a entornos naturales, caminatas constantes en parques o bosques urbanos y actividades cotidianas que involucren a la naturaleza.

Más cerca de nuestro territorio, en Chile, la Corporación Nacional Forestal puso en marcha el programa Baños de Bosque. La primera acción fue capacitar a los guardapaques, y lo hace con apoyo de la Fundación Bosques Para Ti y el Instituto de Baños de Bosques, de Europa. El próximo paso será implementar una fase piloto en  la Reserva Nacional Río Clarillo, “unidad que pretende convertirse en un modelo en la Región Metropolitana, por lo que significa estar cerca del centro poblado más grande y con los niveles de estrés más altos del país, considerando además, el aumento de enfermedades asociadas a la salud mental de la población”, se explica en Publimetro.  Según el Informe 2019 de la Organización Mundial de la Salud, que mide la prevalencia de trastornos de salud mental en el mundo, señala que más de un millón de chilenos sufre de ansiedad y cerca de 850 mil padecen depresión.

En Estados Unidos

“No puedo explicar exactamente cómo es que la naturaleza ejerce su efecto tranquilizador y organizador en nuestros cerebros, pero he visto en mis pacientes los poderes restaurativos y sanadores de la naturaleza y los jardines, incluso para aquellos profundamente discapacitados neurológicamente. En muchos casos, los jardines y la naturaleza son más poderosos que cualquier medicación”. La frase es del famoso neurólogo Oliver Sacks, reproducida en una nota de Ecoosfera.com, que pone en valor el contacto con la naturaleza como método terapéutico.

Sacks constató el efecto curativo de la naturaleza cuando trabajaba en Nueva York. El hospital donde estaba frente al Jardín Botánico de la ciudad, y él llevaba a sus pacientes a tomar contacto con la naturaleza. Así, las personas afectadas por Parkinson, quienes ya no reconocían a sus familiares ni sabían utilizar un tenedor, súbitamente empezaron a plantar semillas, y por un momento dejaron de ser “pacientes”.  “En 40 años de practicar la medicina, solamente encontré dos tipos de ‘terapia’ no farmacéutica de vital importancia para pacientes con enfermedades neuronales crónicas: la música y los jardines”, dijo.

Los espacios naturales aumentan nuestro potencial de salud y de buen carácter, señaló ya en 2011 un equipo de científicos del Laboratorio de Paisaje y Salud de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos. Tras investigar la relación naturaleza-salud en diferentes regiones y en distintos segmentos de población, han llegado a la conclusión de que frecuentar zonas verdes, ya sean bosques, jardines e incluso zonas peatonales, hace que la gente sea más saludable, tienda a ser generosa, a confiar en los demás, y a mostrar mayor voluntad en ofrecer su ayuda.

Reencuentro con uno mismo

En este “nuevo tiempo”, el de la tecnología en todas partes y a toda hora, ejercitamos y valoramos muy poco los sentidos. Pasamos la mayor parte del día en contacto visual con las pantallas (teléfono, televisor, computadora), y no atendemos ni ejercitamos  los demás sentidos. Caminar entre árboles es una oportunidad para detener ese ritmo y restablecer los cinco sentidos (la vista, el oído, el gusto, el tacto y el olfato)

Para cerrar, esta reflexión: “el simple hecho de contemplar un buen árbol ayuda a sanarnos emocional y espiritualmente, debido a que  el árbol es una figura simbólica de grandes significados arraigada en la conciencia colectiva. En el árbol los seres humanos hemos visto el símbolo de la vida, la agrupación de los cuatro elementos de la naturaleza, la unión entre el cielo y la tierra, la semejanza con nosotros mismos, y el maestro que enseña la verdad de la vida. Por esa razón, la contemplación de un árbol maduro, bien enraizado, con tronco firme y copa abierta al cielo, nos inspira paz, sosiego, equilibrio y bienestar”.

25 Jun, 2019 - Selva Paranaense

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