Río Iguazú, una catástrofe ecológica

Cataratas del Iguazú, junio de 2014, con un crecida extraordinaria. A sólo 700 metros se construye al represa Baixo Iguazú.

Hace unos días ocurrió la mayor crecida jamás registrada en el Río Iguazú. A pesar evidenciarse prima facie como un fenómeno natural, las verdaderas causas de este hecho están asociadas a una serie de factores humanos que incluyen los efectos del cambio climático global, la deforestación casi completa de la cuenca, el represamiento total del río y tal vez la causa principal, fue el reventón de una mega-represa que actualmente se construye sobre ese río, en Brasil, muy cerca de la frontera con Argentina.

por Federico Soria / http://federico-soria.blogspot.com.ar/

La crecida récord de estos días

El día 8 de junio, el Río Iguazú registró un caudal de 46.300 metros cúbicos por segundo, cuando normalmente no supera los 1.500. Semejante cantidad de agua bajando de golpe provocó desbordes y anegamientos en varios puntos de su cauce, las áreas ribereñas de la Provincia de Misiones y en el territorio brasilero aguas arriba. Se espera que la creciente provoque severas inundaciones aguas abajo, en los próximos días.

Al momento de buscar un motivo al tremendo aluvión registrado, automáticamente autoridades y empresarios atribuyeron las causas a “precipitaciones extraordinarias”. Sin embargo el registro de éstas, (en algunos lugares de la región llovió alrededor de 200 milímetros en la semana previa), si bien han sido abundantes, no se pueden calificar como excepcionales o históricas, ya que son picos que habitualmente se registran en esta época, en toda la cuenca.

Para darse una idea del enorme caudal extraordinario registrado días pasados en el Río Iguazú, el guarismo es 33 veces mayor que su caudal medio. La cifra es equivalente al caudal medio del Río Congo, en África, el segundo más caudaloso del mundo, después del Amazonas. Para los mendocinos, sería algo así como 900 ríos Mendoza; y para los barilochenses, serían como 75 ríos Limay.

La anomalía del río y las posteriores consecuencias en áreas ribereñas y zonas de influencia, despertó el interés de los medios que rápidamente tomaron este primer argumento de las lluvias extraordinarias y lo difundieron masivamente, sin buscar demasiado sustento empírico ni ir a las causas de fondo. Sin embargo, con el correr de los días y con la llegada de noticias de Brasil, provenientes del lugar mismo de los hechos, se pudo saber que estamos ante una verdadera tragedia ecológica, producida por una concatenación de actos depredatorios de magnitud que vienen registrándose desde hace décadas en la zona y forman parte de la historia del río, de la cual no se habla.

El Río Iguazú (o más bien, lo que queda de él)

El Río Iguazú nace en los alrededores de la ciudad de Curitiba y su cabecera de cuenca abarca el faldeo occidental de la “Serra do Mar”, en Brasil, a una altitud que ronda entre los 1.100 y 1.300 metros de altitud, en una región entre mesetiforme y serrana, denominada “Planalto”. Recorre aproximadamente 1200 kilómetros de territorio brasileño, y luego, 100 kilómetros que hacen de frontera con Argentina, hasta desembocar en el Río Paraná, en el punto conocido como “la Triple Frontera”, el punto tripartito entre Argentina, Brasil y Paraguay.

En el tramo final del río, se localizan las mundialmente conocidas Cataratas del Iguazú, que son compartidas entre Argentina y Brasil, a cuyos lados ambos países han creado sendos Parques Nacionales para resguardar esta maravilla natural, los que a su vez conforman el Sitio de Patrimonio Natural de la Humanidad, etiqueta conferida por la UNESCO a esta verdadera maravilla natural, que ahora está puesta en duda, por el mal manejo ambiental de la cuenca por parte del gobierno brasilero.

 Aguas arriba, en territorio brasileño, también existían cataratas menores y rápidos del Río Iguazú, que desaparecieron, ya que actualmente casi todo el río está cubierto con embalses.

La deforestación y la consecuente pérdida del suelo

La cuenca del Río Iguazú antiguamente estaba tapizada por una espesa cobertura vegetal, predominantemente arbórea, denominada Selva Paranaense o Mata Atlántica. Desde tiempos coloniales comenzó la deforestación, de manera muy acelerada, especialmente en territorio brasileño, donde prácticamente ha desaparecido y sólo quedan muy pocas masas compactas en los escasos parques nacionales existentes y porciones pequeñas y aisladas en algunos sectores elevados, carentes al día de hoy de valor ecológico alguno, mas que el de representar muestras de lo que fueran antiguamente las enormes selvas que cubrían la región. Esta deforestación, si bien viene de antaño, en la actualidad se ha agravado, debido a que se han introducido (como ocurrió en toda Sudamérica en los últimos tiempos), los agronegocios de tipo latifundista, que de apoco van eliminando los remanentes que quedan de la selva entre los campos, antiguamente destinados a una agricultura de menor escala. Por el calendario de cosecha de la soja, la época posterior a levantarse la misma, en que el suelo está desnudo, coincide con el de máximas lluvias, de acuerdo al clima del sur de Brasil, con lo cual el suelo se vuelve con más razón, muy vulnerable a la erosión.

Cabe mencionar que actualmente el gobierno federal de Brasil, así como el estadual de Paraná (estado al que pertenece la mayor parte de la región), a instancias del empesariado que nuclea a los pooles de siembra y las corporaciones transnacionales que comercializan semillas transgénicas y agrotóxicos, están empecinados en eliminar esos escasos remanentes de bosques tropicales que aún quedan, para ello proyectan licitar y autorizar la tala de esas masas boscosas relictuales, liberando de esta manera el suelo para optimizar el rendimiento de la soja.

 

La eliminación sistemática lisa y llana de esta abundante cobertura vegetal no es gratis: la foresta antiguamente retenía las abundantes precipitaciones que normalmente se registran en la zona (entre 2.000 y 3.000 milímetros anuales), haciendo las veces de esponja que retiene y dosifica lentamente el escurrimiento del agua. Su eliminación implica que el suelo, que en ese medio natural es frágil, queda expuesto a un severo proceso erosivo (especialmente en la época de máximas precipitaciones que resulta coincidente con el levantamiento de las cosechas), comenzando con el golpeteo de la lluvia en el suelo desnudo y siguiendo con el intenso escurrimiento, que se acelera al no haber árboles nativos que retengan el agua u obstaculicen el drenaje, y por lo tanto, con la conformación de correntadas, sumada a la propia ausencia de árboles que lo retengan, el suelo es rápidamente lavado.

La principal prueba de esto es la coloración turbia del agua, que con las crecidas se vuelve barrosa y de una tonalidad rojiza, que es la coloración que tiene la tierra en esa región. Así, sin cobertura vegetal y con fuertes pendientes en las cabeceras, las aguas baja raudas y cargadas con miles de millones de toneladas de sedimentos provenientes de la tierra fértil lavada en la cuenca superior, que termina depositada primero en el fondo de las represas, y luego por el Río Paraná, llega hasta el mismo lecho marino del Océano Atlántico, a través del Río de la Plata.

Las represas

Los impactos ambientales negativos de las represas, especialmente las de gran magnitud que se localizan en zonas tropicales, son de una variedad y dimensión muy importantes. Incluyen la alteración del paisaje, de los regímenes de los ríos, la desaparición de la ictiofauna y la fauna ribereña, y la pérdida de la cobertura vegetal, (que en el caso de los bosques, pueden contaminar el agua con la materia en putrefacción, si los árboles no son cortados y retirados en su totalidad antes de llenar los embalses). También se incrementa la proliferación de enfermedades, cuyos vectores se desarrollan en ambientes lénticos (mosquitos, caracoles, parásitos, coliformes, etc.), este impacto es particularmente evidente en las represas de las regiones tropicales, que al estar estancadas o fluir lentamente, son propensas a eutroficarse.

En cuanto a los aspectos sociales, se pierden tierras de cultivo o ganadería, se produce el éxodo forzoso de la población (que a su vez desata crisis psicológicas en las personas, grupos familiares y comunidades), los puestos de trabajo que se generan en la etapa de construcción y rápidamente se evidencia una crisis ocupacional y social, por las perdidas de áreas agropecuarias que deja mucha gente sin trabajo. Se pierden importantes atractivos turísticos, recordar por ejemplo que con el llenado de la represa Itaipú desaparecieron definitivamente las cataratas Sete Quedas o Guairá, sobre el Río Paraná; y actualmente el proyecto de la gran represa Garabí, sobre el Río Uruguay, podría inundar los Saltos del Moconá y la Reserva de la Biósfera Yabotí.

El Río Iguazú actualmente tiene enormes represas hidroeléctricas en casi todo su recorrido, las más grandes en total son 6, la primera se inauguró en 1975 y la última aún no está construida y se planea inaugurar en dos años. Hay otras represas menores ubicadas en los afluentes y en las cabeceras de cuenca. Actualmente el régimen del río (y por ende, el caudal de las Cataratas) depende de las aperturas o cierre de las represas, más que de los factores naturales, por lo tanto las represas representan el factor responsable principal, tanto en las crecidas como en las bajantes (ver foto anterior).

Las represas principales son estas (ordenadas por su ubicación de arriba a bajo):

Represa

Cota máxima

Dimensiones presa

Superficie Embalse

Potencia instalada

Año inicio

Altura

Largo

1. Foz de Areia

774 msnm

160 m

828 m

16.700 has

1.676 MW

1980

2. Salto Segredo

607 msnm

145m

745 m

8.200 has

1.260 MW

1992

3. Salto Santiago

495 msnm

80 m

1.400 m

20.800 has

1.420 MW

1980

4. Salto Osorio

415 msnm

56 m

750 m

5.100 has

1.078 MW

1975

5. Salto Caxias

335 msnm

67 m

1.083 m

13.100 has

1.240 MW

1999

6. Baixo Iguaçú*

     

3.160 has

350 MW

2016

  • Actualmente en construcción.
  • Croquis represas sobre el río Iguazú en territorio brasileño.


La última de estas represas, actualmente se encuentra en construcción, está ubicada a pocos kilómetros de la frontera con Argentina, en el punto donde el Río Iguazú ingresa al Parque Nacional homónimo, en su porción correspondiente al territorio brasilero. Aprovechará un tramo que le queda sin represar del curso medio del río, significando esto sacarle el último “jugo” al relativamente pequeño remanente del mismo que aún queda sin intervenir. El muro de contención se localizará algunos kilómetros aguas arriba del punto donde el mismo pasa a ser un río compartido con Argentina y protegido dentro de los Parques Nacionales de Iguazú. El proyecto (como todas estas grandes mega-construcciones que se realizan sin licencia social), ha tenido numerosas oposiciones y manifestaciones de rechazo por parte de diversos sectores populares, incluso es rechazada en los ámbitos oficiales de la provincia de Misiones, especialmente porque se está realizando sin la correspondiente consulta por el uso de un recurso compartido entre dos países. También en Brasil hay un fuerte rechazo por esta mega-obra, debido a los riesgos ambientales que presenta y la falta de garantías a la población.

La totalidad de las represas mencionadas están encadenadas, o sea, donde se localiza una presa está la cota máxima del embalse de la siguiente y así sucesivamente, con lo cual, actualmente el Río Iguazú ha desaparecido como tal en más de la mitad de su recorrido (casi todo su curso medio), convirtiéndose en una sucesión de lagos encadenados.

La superficie total de los embalses en conjunto cubre más o menos el equivalente a los lagos de los parques nacionales nor-patagónicos de Argentina, con la diferencia que su forma es lineal-serpenteante, de acuerdo a la conformación del valle medio del antiguo Río Iguazú. La sucesión de embalses encadenados miden en total aproximadamente 600 kilómetros de largo.

El comportamiento de las represas ante las crecidas del Río Iguazú

Las represas del Río Iguazú deben abrir sí o sí las compuertas ante cualquier crecida, ya que, normalmente, para optimizar su producción de energía eléctrica, trabajan con los embalses muy cerca de su cota máxima. Como este río no tiene demasiada pendiente, la fuerza generadora de estas centrales hidroeléctricas se basa en la enorme presión del volumen de agua contenido en los embalses, por ende, mientras más llenos estén, mejor operan las centrales hidroeléctricas.

Esto quiere decir que esas represas, a pesar de tener un gran tamaño, no sirven para retener las crecientes, sino que por el contrario, revisten un grave peligro ante situaciones extremas; ya que por un lado, la absorción natural de sus ambientes ribereños fue reemplazado por el pelo de agua; y por el otro, presentan el peligro de que, al estar todas encadenadas entre sí, o sea que los vertederos de los embalses dan a la cota máxima de la siguiente de manera sucesiva, cuando se abren las compuertas de una, automáticamente se llena la otra.

Se debe mencionar que además de las represas construidas por el hombre, hay un dique natural sobre el río: el borde de las Cataratas del Iguazú actúa como una suerte de embalse natural que regula el caudal del río y el tramo que atraviesa los parques nacionales, con poca pendiente y bastante zigzagueante, morigerando en parte las crecidas y disminuyendo la velocidad de escurrimiento del agua. Durante la crecida, este embalse natural fue fundamental para evitar una catástrofe mayor aguas abajo.

El reventón de Baixo Iguaçú

Como las represas estaban operando al máximo, poco es lo que pudieron retener luego de las lluvias que son típicas de esta época del año. Las empresas operadoras de las represas habrían intentado retener al máximo y hasta último momento la crecida, sin embargo no calcularon la magnitud de las precipitaciones que ya estaban previstas y llegó un punto en que tuvieron que abrir simultáneamente las compuertas de todas las represas, con lo cual, se agravó el efecto de la crecida que en principio querían evitar.

Aguas debajo de la última represa, que es Salto Caxias, está en construcción la represa Baixo Iguaçú, donde actualmente hay un enorme terraplén de material no consolidado, construido temporalmente para desviar el cauce del río. Con la creciente, este terraplén se llenó y desbordó de golpe, con lo cual fueron arrasadas las obras de la represa y la creciente luego fue rauda río abajo, provocando un gran daño a instalaciones, medio natural y personas; y llegando luego a las Cataratas del Iguazú.

Qué puede pasar aguas abajo?

La enorme cracida ya se está traduciendo en una inundación desde Puerto Iguazú, donde las instalaciones costeras quedaron virtualmente sumergidas bajo la inundación. Como el caudal va directamente al Río Paraná, es de esperar, primero que llegue a Yaciretá; esta mega-represa tampoco ha sido diseñada para soportar una crecida excepcional, con fenómenos mucho menores debio abrir todas sus compuertas, así es que se descarta que ocurra lo mismo, además debe recordarse que en el pasado se detectaron fallas en los muros de contención, esperemos que esta vez no hayan inconvenientes en relación a eso. Recordemos que ya antes de este aluvión, el Río Paraná estaba registrando caudales altos, por lo que esta creciente se deberá sumar a la menos que ya se venía dando.

Aguas abajo por el Paraná, se deberá evacuar de manera inmediata a la población y la ganadería de la parte baja del valle medio, todas las zonas inundables de la ribera, las islas y el delta. Al cierre de esta nota, en algunos sectores de Santa Fe y Entre Ríos eso ya estaba sucediendo.

En épocas de pocas lluvias, las aguas del Iguazú no llegan a las famosas Cataratas.

Reflexiones finales

La crecida récord que ha registrado el Río Iguazú se debe al reventón de la represa Baxio Iguaçú, a su vez provocado por la deforestación de la totalidad de su cuenca, la proliferación de monocultivos transgénicos y el represamiento de gran parte de su curso, el cual prácticamentre ha desaparecido como río. No es por las lluvias, ya que estas a pesar de haber sido abundantes, no fueron excepcionales. Todos los años se registran grandes crecidas en este río, pero nunca se vio algo de tal magnitud.

Desde ya, la población ribereña sufrió las graves consecuencias, no así los empresarios capitalistas que llevan adelante esta mega-obra que fue arrasada. En territorio brasileño ya hay varios muertos, cientos de evacuados, miles de minifundistas afectados, pero los empresarios ya dijeron que esto es sólo “un contratiempo” para sus planes devastadores y que la obra se demorará unos meses, pero seguirá adelante.

Seguramente en los próximos días veremos las consecuencias a lo largo del curso del Río Paraná (del cual el Iguazú es afluente), de tanta deforestación en gran parte de la cuenca aguas arriba y de la impericia para controlar este desastre. Miente aquel funcionario o empresario que atribuya esta crecida (que ya es récord en el Iguazú, y lo será seguramente en el Paraná), a lluvias excepcionales, pues los registros meteorológicos y la toma de datos demuestran que no lo son.

Cabe preguntarse, hablando en términos monetarios (no ecosistémicos), si los empresarios de agronegocios y pooles de siembra indemnizarán a todos los damnificados aguas abajo. Y si los millones de toneladas de suelos erosionados en pocos días y que pronto sedimentarán en el río de la Plata y se perderán en el mar, entran en su contabilidad empresaria. O si, como suelen hacer, estas perdidas irreparables para el ambiente y la sociedad, serán consideradas por ellos y los gobiernos, meras “externalidades”.

Se debe tener en cuenta que ante el error humano que provocó esta crecida, sería deseable que el gobierno de la República Argentina le reclame a su par de Brasil por los daños provocados, ya que la magnitud de los mismos podría haberse evitado o mitigado.

Además, también sería deseable que los funcionarios argentinos y brasileros piensen más en los intereses genuinos de la sociedad que les toca gobernar, en sus necesidades y en sus derechos y no, que después, cuando todo pase, en vez de estudiar el tema para que no vuelva a pasar, el político-puntero vaya a pedir votos al inundado, como devolución a haber sido asistido durante la catástrofe, ya que la catastrofe es consecuencia directa del desinterés por las cuestiones ambientales y la negligencia explícita en las omisiones o el accionar de esos mismos señores. Obviamente desinterés y negligencia íntimamente vinculados a los negocios involucrados en las enormes obras de infraestructura (a las que son fanáticos los funcionarios de turno) que se llevan a cabo sin un correcto estudio de impacto ambiental y sin analizar alternativas más amigables con el ambiente; así como los planes de desarrollo que incluyen monocultivos transgénicos que borran todo vestigio del maravilloso entorno natural que alguna vez hubo en esa extensa región.

Es probable que lo que esté ocurriendo sea un mensaje de la naturaleza, tal vez se está tomando revancha por todos los daños a la Tierra, infringidos por lxs humanxs que no paran de exprimirla…

La Tierra (Pacha-Mama, Puel-Mapu, Ivirupí…) ya no da más y nos está enviando señales, esperemos que algún día todxs lxs humanxs sepan decodificar e interpretar ese mensaje que nos quiere transmitir y obremos en consecuencia, antes de que sea demasiado tarde…

Para la redacción del presente artículo se tomaron, en parte, algunas consideraciónes, datos y reflexiones aportados por Marcelo Giraud, Profesor de Geografía de la Universidad Nacional de Cuyo.

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