Rendidora producción de alimentos sin agrotóxicos

En la localidad de Gobernador Roca, “el trabajo que está realizando el agricultor ecológico, Carlos Servin, demuestra que es posible producir, plantar alimentos sin necesidad de recurrir a los agrotóxicos”, afirma el diputado del Partido Agrario y Social, Martín Sereno, durante su visita a la chacra de este pequeño productor, junto al subsecretario de Desarrollo Productivo, Otto Goritz, que depende de la  Secretaría de Estado de Agricultura Familiar, y al que ayudaron entregándole coberturas de plástico para sus invernaderos.

Conocíamos el trabajo de Carlos a través de Nidia Pintos y nuestros militantes de Roca, sabíamos de sus necesidades para proteger sus plantas, y gestionamos ante la Secretaría de Agricultura Familiar, cierta cantidad de rollos de plástico para que pueda cubrir sus invernaderos. Así visitamos la chacra donde este agricultor que no utiliza venenos, y está haciendo una producción más sana y que también rinde económicamente. Recorrimos durante unas horas los invernaderos, plantaciones y nacientes de agua, y nos contó su metodología, las dificultades y los beneficios que tiene hacer este modelo de producción, y nos sorprendió gratamente. Conocíamos su modalidad de trabajo; pero una cosa es saberlo y otra estar en su chacra, comprobar lo que hace y escucharlo junto a su familia con la que trabaja“, explicó Sereno.

“Mi chacra es un lugar libre de contaminación”


El proyecto de Servin se inició en una escuela agroecológica de Roca que llamó su atención. Se acercó a ver qué enseñaban y descubrió que eran modos de producir tal como le enseñaron sus padres cuando él era chico; especialmente todo lo relacionado a las metodologías naturales para plantar.


Empecé a indagar un poco el tema y lo puse en práctica, porque esto es prueba y error. Es sencillo pero hay que seguir e ir perfeccionando el método. Pero la base es hacer todo lo que se hacía antiguamente, y algo de lo que siempre hablaba mi viejo“, relata.


Lentamente, el productor comprobó que sus costos comenzaron a bajar muchísimo. En el primer tiempo “tuve una menor productividad porque hubo que sanear lo que yo había contaminado desde antes cuando usaba veneno. La idea de mermar eso fue porque veía a mucha gente con enfermedades por culpa de los agrotóxicos, y me dije: esto no va conmigo, no me sentía muy bien, y bueno, al que le gusta esto sabe que se empieza a investigar y a probar una cosa y la otra. Tengo un buen mentor al que le pregunto todas mis dudas y él me va enseñando la teoría que luego aplicamos en la práctica“, remarca.


Según considera Servin son técnicas que funcionan. “Ustedes -le muestra al diputado y al resto de los visitantes- ven que acá hay lechugas de 32 días que ya están prácticamente para cosechar, y este lugar que hice está totalmente libre de contaminación, y pienso seguir así, no voy a cambiar, porque el que empieza con esto ya no deja, y sabemos que es posible”.

“Muchos no saben de donde proviene lo que consume”
El agricultor ecológico hace hincapié en las consecuencias que acarrean los agrotóxicos en las plantaciones. Lo ve cotidianamente en sus vecinos que sufren enfermedades. Esas observaciones cambiaron su modo de plantar. “Con mi familia no somos clientes de las farmacias, que son el mejor negocio que existe ahora porque hay mucha gente enferma, vecinos míos, y les cuesta entender que debemos emprender una pelea contra los venenos porque nos están matando, y muertos no servimos para nada. El día que me tenga que ir será porque así lo dispuso Dios y estoy preparado para eso; pero no será por culpa mía, por no haberme cuidado y también a mi familia“, pregona con sabiduría.

El hombre va más allá aún al sostener que plantar de esta manera también es respetar al prójimo: “Veo mucha gente que le gusta la verdura; pero no sabe lo que está comiendo, donde salió esa verdura. Nosotros somos conscientes que producimos alimentos sanos“, señala.

Agrega que esto es parte de su doctrina de trabajo. Posee una hectárea donde vive con su familia, esposa y cinco hijos, sin privaciones. “Cumplo con todas las normas que me exigen para trabajar y estoy al pie de la letra. Hace un tiempo extendimos la producción y se sumaron tres familias para trabajar acá; es decir que no es imposible. Tengo una hectárea de verduras y con eso vivimos cuatro familias; inclusive se puede hacer más; pero nos falta tiempo e infraestructura, y también que haya un cambio en la política agraria; pero eso cuesta un poco más. Este es un país en desarrollo donde hay mucho para hacer, sin inflación y sin que a los pequeños productores se nos castigue tanto, porque somos chicos en comparación a otros“, reflexionó.

Una decisión pensada que no tiene vuelta atrás

En la chacra de este productor de Roca se produce prácticamente todas las verduras de hoja, porque soportan mucho más las heladas, y además plantan tomates. “Sobre todo los cherry naturales que es el mejor tomate, y que realmente el gusto es a tomate. Tenemos pepinos, los pimentones chiquitos, los dulces, los picantes que a la gente le gusta. El que se acostumbra a comer verduras naturales, después no tiene ganas de ir a comprar morrones o tomates que no tienen gusto a nada. Acá cada planta de verdura tiene su gusto real, y así vamos produciendo.

En cuanto a las frutas hay frutillas, y ahora van a plantar frambuesa; mandarinas, naranjas, “todo de calidad. A veces la gente confunde y cree que la calidad es lo que se ve a primera vista, y no es así. Una cosa es la imagen y otra la calidad. El consumidor tiene que pensar que está comiendo calidad cuando la naranja tiene gusto a naranja, y no fijarse que la cáscara tenga una mancha, porque nadie come la cáscara. Eso pasa con las verduras, y así le enseñamos a nuestra clientela que cada vez se amplía más. A pesar de que éste es un momento de crisis, muy complicado, pero nosotros tratamos de seguir produciendo alimentos de calidad“, reitera.


Para este trabajador, dedicarse a la producción ecológica fue una decisión, porque se dio cuenta que algo estaba haciendo mal. “Es cuestión de mentalidad, de meterse en la cabeza que se pueden hacer bien las las cosas, y que me demuestren lo contrario. Que vengan con todos los equipos que quieran para analizar, esto está abierto para todo el mundo, y acá se cultiva sin veneno”, resalta orgulloso.

Plantar de este modo es convencional, lo otro es alternativo
La lógica del mercado impuso un modelo donde los consumidores ya no saben lo que comen, con “nuestro trabajo tenemos mejores rendimientos y retomamos el conocimiento de padres y abuelos”, expresa Carlos Servin.
Considera que tiene un gran rendimiento, porque por ejemplo un invernadero con el problema de los agrotóxicos, y haciendo lo que “se hace convencionalmente -y aclara- lo que hacemos acá es lo convencional, para mí lo otro es alternativo porque plantamos como hace miles de años y con buenos resultados.

Esto es lo convencional, lo otro y así antes un invernadero daba 6000 pesos, con un gasto de 3000. Ahora tengo una rentabilidad de 4000 pesos, pero con un gasto de 500. Es mucho más rentable y encima es de calidad lo que estamos produciendo. Saqué una lechuga que tenía casi dos kilos, y eso es calidad; pero no siempre puede salir una planta así, tiene su tiempo porque la verdura no es oriunda de acá, hay cosas que no son de acá; pero nosotros nos adaptamos a nuestro clima. También tenemos los problemas; pero que se pueden solucionar, y son muy fáciles”.

Remedios para sus plantaciones
Otro beneficio que defiende es que además puede contar con casi todos los remedios que necesita la huerta, sin gastar dinero extra para cuidar sus verduras. Y todo lo que generan económicamente es para las familias porque no hay gastos. “De las plantas hacemos extractos para remedios; por ejemplo hay plantas que son menos vulnerables a los ataques, como ejemplo la cebolla de verdeo, por ahí aparece un ácaro; pero en determinada fecha; pero no hay un bicho que viene a comer la cebolla de verdeo. Hago un extracto, pico la cebolla, la muelo, la estrujo, y la cargo en lo que estoy regando. Riego con eso diluido en miles de litros de agua, y protege. Por ahí después hiervo los ají picante, que son muy irritantes al contacto con los bichos que la mayoría son chupadores, y con eso se evita mucho“, remarca el agricultor.

Admitió que hay varios brebajes de cosas que se preparan, pero a él le funciona esto. “Algunos usan el tabaco en alcohol que se deja macerando unos días con jabón neutro; pero a mí me funciona el extracto de la cebolla. Y como tengo tanta, ya a kilómetros saben que estoy regando con cebolla, y yo puedo tomar tranquilamente eso, estar en contacto y no me hace mal, en cambio el que fumiga con veneno no creo que le haga bien el contacto con el pulverizador“, detalla.

“La decisión de plantar sano no tiene vuelta atrás”

El cambio de Carlos Servin se produjo hace cinco años, y con 40 años es el productor más joven de la zona. Está convencido de las bondades del cambio y no piensa en volver atrás. “Voy a seguir con esto, posiblemente sea una molestia para los que producen veneno, porque donde puedo voy a enseñar este método, y los que quieren venir a preguntar, estoy disponible para enseñar, que la gente aprenda, porque si lo hacemos entre todos esto creo que es un gran beneficio para cuidar nuestra salud y el medio ambiente“.


Ya agrega: “Si no me creen a mí, que se tomen el tiempo para buscar en internet y se fijen lo que hace la Cipermetrina o la Abamectina y qué efecto tiene en el ser humano. Les va a llevar cinco minutos, y vamos a ver si después de eso, tienen ganas de seguir usando venenos; ayuden al colono que está al lado del pueblo, porque hay gente que tiene huevos y carne, y no sabe qué hacer, y a lo mejor lo está pasando mal. 

Hay que producir sano, hay muchas personas que por ejemplo dicen que no pueden comer lechuga porque les hace mal, y eso es mentira, hay que ver qué lechuga come. Yo empecé a venderle a gente que no comía verduras desde hace 20 años y ahora comen todos los días. Entonces no era la lechuga sino el veneno que tiene. Yo tengo hijos chicos y le encantan la hamburguesa, los sándwiches, que llevan lechuga, tomate, y el tomate por ejemplo, es algo que lleva mucho veneno. Pero acá se hacen los cherry, a esos no los ataca nada, porque ni un bicho los quiere, no sé por qué, y eso tiene un gusto a tomate que mucha gente se habrá olvidado lo que es”.

El veneno es un negocio para quien lo produce

Es sencillo, cuestión de decidir y ocuparse. Solo se necesita mucha atención, como para cualquier trabajo, y al que quiera la tierra se va a ocupar. “A nadie le gusta andar con una mochila llena de veneno matando cosas por ahí, no creo que exista nadie al que le guste eso, y por supuesto que entiendo que muchos lo hacen por necesidad, así que es cuestión de ir probando, y no se van a equivocar“.


Servin enfatizó que el veneno es un negocio, pero no para los agricultores, sino para el que lo produce. Y abogó para que se termine porque “nosotros nos estamos muriendo mientras ellos ganan“.


Recordó que según un análisis que hizo hace poco tiempo, el 95% de lo que se consume está contaminado. “Es un porcentaje muy alto para algo que todo el tiempo estamos haciendo, así que es cuestión de empezar a enfocarse un poco más en eso. Y cambia mucho hasta la actitud personal, yo vivo con una actitud positiva. Tengo mi familia y están todos bien gracias a Dios, y acá producimos de la forma que se tiene que hacer. A veces hacer las cosas correctamente cuesta un poquito más; pero es muy gratificante”, manifestó el productor de verduras.

 

1 Ago, 2018 - Alimentación

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