Hay que replantear construcciones en Posadas y otras ciudades

Ya son parte de nuestra realidad, y serán cada vez más frecuentes, las altas temperaturas, lluvias torrenciales en poco tiempo y los temporales con vientos huracanados.  En el siguiente escrito, Enrique Gandolla, ingeniero en recursos hídricos y especialista en gestión ambiental, advierte que los daños pueden minimizarse en las urbes con una planificación que incluya repensar la canalización de arroyos, restringir los asentamientos en sus márgenes, y dar lugar a más espacios verdes para mitigar el calor y facilitar la infiltración del agua al suelo evitando inundaciones repentinas.

 

El martes 9 de octubre (2018), una lluvia muy intensa cayó sobre la ciudad de Posadas, provocando múltiples anegamientos y la inundación de numerosos barrios densamente poblados. Aunque no se informó sobre víctimas fatales, los medios dieron cuenta sobre más de 200 familias que sufrieron el deterioro o la pérdida de sus bienes, y difundieron imágenes y videos que ponen en evidencia la magnitud de las afectaciones y daños sufridos por la población.

En nuestra región, las lluvias intensas son frecuentes, particularmente durante la primavera, y Posadas -y muchas otras localidades del interior- sufren año tras año las consecuencias de las inundaciones que suelen provocar, aunque las de esta semana parecieran haber sido mayores -en cantidad de barrios y número de familias afectadas- que las de muchos años anteriores.

Enrique Gandolla, Ingeniero en recursos hídricos.

El fenómeno que las genera es de orden natural, aunque ya no hay dudas respecto de las anomalías que las emisiones de gases de efecto invernadero por parte de las actividades humanas han producido en el comportamiento del sistema climático, y que están provocando un creciente calentamiento global y produciendo un Cambio Climático. Los estudios específicos sobre el Cambio Climático advierten que para nuestra región, éste se manifestará mediante una mayor frecuencia e intensidad de fenómenos climáticos extremos; particularmente, los asociados a temperaturas más elevadas y precipitaciones más intensas.

 

Todo hace pensar que nuestras ciudades deben prepararse para minimizar los efectos de una mayor frecuencia de días con temperaturas máximas más altas, y mayor número de lluvias intensas como las del pasado martes, o incluso mayores. 

El que nuestras ciudades se preparen para minimizar los riesgos asociados a estos eventos extremos de precipitaciones, implica abordar las causas de fondo que ponen a crecientes sectores de la población en situación de vulnerabilidad ante los mismos.

Mucha lluvia en poco tiempo e inundaciones repentinas, una postal de Posadas.

Por ejemplo, resulta impostergable delimitar las áreas inundables de los arroyos estimando niveles máximos para lluvias más intensas que las que las registradas hasta la fecha; y restringir en las mismas la ocupación y construcción de viviendas, asentamientos e infraestructuras socialmente valiosas. Esas áreas inundables deberían ser incorporadas como espacios verdes en los que durante las tormentas el agua pueda escurrir libremente sin ocasionar daños a las personas ni a ninguna infraestructura social. Lo sucedido el martes obliga a poner bajo la lupa las costosísimas obras de “saneamiento de arroyos” que generan la idea de una solución definitiva que no solo no es tal sino que, además, inducen a una mayor ocupación de esas áreas. Varios de los arroyos que fueron “desbordados” inundando diversos barrios, han sido objeto de canalizaciones y entubamiento que claramente no cumplieron con las funciones esperadas, y los pronósticos nos advierten que este tipo de eventos se repetirán y con mayor intensidad.

Se prevén temperaturas más elevadas y olas de calor.

Igualmente importante es la definición de nuevos criterios urbanísticos que contemplen una mayor superficie de espacios verdes que faciliten la infiltración de las lluvias en el suelo. La ciudad avanza con pavimentos, veredas, techos y coberturas impermeables de todo tipo y la consecuencia es la generación de un escurrimiento cada vez mayor que se verá agravado con precipitaciones más intensas; sin dudas una parte de lo ocurrido el martes se explica por el incremento de la impermeabilización urbana. Más superficies de espacios verdes en plazas, parques, arbolado público y terrenos de las viviendas también contribuirán a reducir el impacto de las más altas temperaturas que nos pronostican. En estrecha relación está el tema del alcantarillado público para conducir los excesos pluviales: no sólo es reducido en su cobertura en la ciudad sino que donde existe, su funcionamiento es defectuoso por insuficiente mantenimiento, y lluvias más intensas hacen pensar en un dimensionamiento mayor para los sistemas de desagües que se construyan. En nuestro país, algunas ciudades (por ej. Santa Fe) están construyendo reservorios subterráneos para almacenar los excedentes de las lluvias y así retardar su evacuación y reducir la magnitud de los caudales que generan inundaciones.

 

No es un problema exclusivo de Posadas, pero la Capital Provincial bien podría liderar un imprescindible proceso de replanteo del modo en que se están desarrollando nuestras ciudades.

 

Enrique Gandolla

Ingeniero en recursos hídricos

Especialista en gestión ambiental

 

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