El hombre de la bicicleta

Por Ricardo Cacho Barrios Arrechea, Médico, Gobernador de Misiones (1983 – 1987)

La invernada de Itacaruaré no tiene mucha prensa, más bien no tiene ninguna y saber de su paraje es para gente de la zona. Pero está desde muchos años clavada en las serranías del sur. Es la franja oriental donde muera Corrientes y nace Misiones, donde el campo se salpica de mogotes que anuncian la selva y la loma saca pecho y se hace sierra, donde el portugués quiere ser español, donde el Río Uruguay es historia vieja de Jesuitas, guaraníes, bandeirantes e historia no tan nueva de harina y cubiertas navegantes, canoa que va, caíco que viene y de exilios políticos como en casa de uno y otro lado del río al que Ayala le puso alas: “Uruguay gigantesca curiyú…es una jangada azul cayendo hacia el mar…” y el río se hizo música y Ramón leyenda.

En ese tiempo creíamos y creemos que el sistema de atención primaria es el más eficaz y de menor costo en inversión en salud; sabíamos del sistema de Cuba donde el Médico de Familia habitaba en el barrio como un vecino más. Por la mañana atendía consultas y por la tarde salía a recorrer el vecindario casa por casa para “atajar” enfermedades, no a esperar los enfermos en la puerta del Hospital.

En una de las tantas campañas que me tocó participar recorría la zona rural de la Invernada. Las chacras y el colono escondían su pobreza y mostraban canteros con flores, casas de ladrillos caseros y techo de pajas en aquel entonces, algunos lujos traídos de Brasil, la yunta de bueyes, el galpón de tabaco, un poco de caña y un poco de todo “para el gasto”.  

En alguna casa de correligionario se juntaba la gente, una ronda con sillas y gente amiga llena de afecto y recuerdos de visitas anteriores con preguntas (incomodas algunas) “se acuerda de fulano”, nunca correspondía un no y había que muñequear para no quedar pagando… la introducción se adaptaba al lugar y comentarios actuales: como va pintando la cosa…si hacía falta afiches o alguna cosa (en colonia El Chatón; “yo puse foto doctor en portón bien temprano, mediodía peronista arancó ojo”) Lo demás cada uno se arreglaba como podía. Terminado lo habitual comenzó la innovación: El hombre de la Bicicleta; se trataba del agente sanitario que tenía por misión recorrer chacra por chacra detectando o atajando enfermedades o derivando cuando fuese necesario; cuando el dirigente está convencido convence y compromete, si no fuere así es humo que se pierde en el aire, yo lo estaba y todo iba encarrilado hasta que rebotó un precavido

“no va andar su hombre de la bicicleta doctor”

“Pero por qué fulano”

“Porque el hombre de la bicicleta va a terminar de sombrero”

Cataratas de risas, miradas cómplices de aprobación y ya ni recuerdo como siguió el evento

Conclusión: sabiduría popular mata teoría.

1 Mar, 2019 - Identidad

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