“El 2014 fue récord en lluvias; el 2015 será el más caluroso”

 

La ciudad de El Soberbio, bajo las aguas del río Uruguay, en junio de 2014.

“Estábamos en el verano de 1983 cuando en la Universidad del Nordeste me invitaron a disertar sobre las recientes inundaciones. El entonces rector me presentó ante la audiencia como “el culpable de las inundaciones en el Litoral”. Naturalmente fue un chiste, pero viene a demostrar nuestra necesidad de ubicar a un responsable en quien descargar las culpas del fenómeno.
Quizás antaño podríamos culpar a los países industrializados por el mal uso de los recursos o por la emisión de gases de invernadero.
O a un gobierno de facto que puso en plazo fijo los recursos enviados ese año para la emergencia.
Pero 31 años después, ¿a quién culpamos de las obras públicas que se caen o quedan inutilizadas por la inundación? O de continuar habilitando zonas inundables para viviendas, o fijando los techos con clavos a tirantes de madera de pino, un método que no resiste los vientos que hoy genera cualquier tormenta de verano.
Si el 2014 fue un año récord en lluvias según el Servicio Meteorológico Nacional, si el verano del 2015 será el más caluroso de la historia según la Organización Meteorológica Mundial, no es casual.
El cambio climático existe y debe ser tomado en cuenta en todos los cálculos de las nuevas estructuras. No sirve construir una obra tomando como referencia la peor tormenta de la historia. Porque mientras no frenemos el cambio climático, la peor tormenta siempre estará a la vuelta de la esquina. Y pronto podemos llegar a un punto de no retorno.
Una habitación segura donde refugiarse ante el embate del tiempo es hoy una necesidad en toda vivienda rural, y como siempre recomendamos, deben formar parte de un plan de erradicación de letrinas para cumplir tanto con objetivos sanitarios como de seguridad.

Mirar a los océanos
Ya no se trata de fenómenos como El Niño o La Niña que cada tanto nos afectan. Las lluvias monzónicas en nuestra región son ya una realidad que vino a quedarse.
Y surgen por las alteraciones en las corrientes marinas que dan como resultado un Atlántico sobrecalentado en estas latitudes, y un Atlántico Sur enfriado por el deshielo del casquete polar antártico.
Ambos fenómenos forman vientos del Nordeste extremadamente calurosos y húmedos, y frentes polares en pleno verano que avanzan con toda la energía del invierno hasta latitudes tropicales.
A estos dos elementos se suman las fuertes depresiones del Pacífico que genera El Niño y que nos llegan del Oeste, encerrando la humedad de las lluvias y el calor latente en capas bajas de la atmósfera, y estacionan los frentes lluviosos en torno a la depresión.

Lluvia reciclada
A esta suma de elementos se deben las lluvias y vientos de tipo monzónico, que experimentamos en Misiones, y que son producto de “llover sobre mojado”, una forma de reciclar las lluvias, de manera que una nube que contenga agua en condiciones de precipitar por 100 milímetros, precipite 200 milímetros, debido a temperaturas y humedad elevadas que quedan atrapadas cerca de la superficie por el sistema de baja presión y que vuelven a evaporarse, reciclando el proceso de precipitaciones”.

Por Alfredo Yaquinandi

Publicado en El Territorio, 4 de enero de 2015.

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