Científicos de todo el mundo advierten sobre el riesgo de extinción de los primates

El mono Carayá es el primate más grande del continente americano, y está presente en Misiones, amenazado por la reducción del hábitat. FOTO: Temaikén.

Treinta investigadores, pertenecientes a instituciones académicas repartidas a lo largo de todo el globo terráqueo, elaboraron un trabajo conjunto publicado en Science Advances en el que se llama la atención sobre la crisis que atraviesa la existencia de los primates, el pariente biológico más cercano a los seres humanos, debido principalmente a la acción del hombre.

De acuerdo a los autores, estos animales cumplen un papel importante en los medios de vida, las culturas y las religiones de muchas sociedades del mundo, además de ofrecer una vía privilegiada para comprender la evolución humana y advertir sobre la amenaza de enfermedades emergentes. Por otra parte, señalan que su conservación resulta esencial para la preservación de la biodiversidad tropical gracias a su contribución a la regeneración de los bosques y a la preservación de la salud de los ecosistemas.

Uno de los autores del trabajo, Eduardo Fernández-Duque, investigador correspondiente del CONICET y profesor de la Universidad de Yale (Estados Unidos) y la Universidad Nacional de Formosa, quien trabaja hace décadas con primates en la selva formoseña, plantea que si bien en Argentina y América Latina la situación de los primates es menos crítica que en otros continentes, es necesario tomar conciencia ambiental para favorecer la preservación de las cuatro especies de primates que se encuentran en Argentina: monos capuchinos (Cebus apella), los aulladores negros y dorados (Alouatta caraya), aulladores rojos (Alouatta guariba) y monos mirikiná (Aotus azarae).

¿Cómo fue que se organizó y armó este artículo firmado por científicos de todo el mundo?

El trabajo busca alertar sobre una situación cada vez más crítica en nuestro planeta. Su relevancia, en este caso, no pasa tanto por sus grandes hallazgos científicos sino por el impacto que se espera que tenga en la comunidad a través de sus diferentes organizaciones. La persona que coordinó el artículo y primer autor del mismo es el investigador mexicano Alejandro Estrada de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien trabaja hace décadas en primates, particularmente en la conservación del mono aullador o carayá, probablemente la especie más conocida en la Argentina. El fue quien tomó la iniciativa de ver qué colegas estaban interesados en contribuir con sus experiencias en los diferentes continentes y con las distintas especies y familias de primates para hacer un diagnóstico crítico de su situación a nivel mundial.

¿Cuál es la situación de los primates alrededor del planeta actualmente?

Tremendamente variable, esto es muy importante remarcarlo. La problemática de conservación cambia mucho según los continentes, no es la misma en África, Asia y América Latina, por ejemplo. Mientras en África ecuatorial se lidia permanentemente con el problema de la caza y el tráfico ilegal de la carne de primate, en Asia hay graves problemas de deforestación. En nuestro subcontinente en general, y en la Argentina en particular, la situación es relativamente menos dramática, aunque las amenazas están centradas en los avances de la frontera agropecuaria. En este sentido, hay que tener en cuenta que los primates pueden ser de tamaños muy distintos. Mientras algunos de los lémures de Madagascar pesan solo 30 gramos, menos que un alfajor, un gorila macho puede llegar a los 200 kilos. El problema se vuelve más serio, entonces, en aquellas áreas del mundo donde tenemos primates grandes que tienen un desarrollo muy lento, primates que a lo mejor necesitan 10 o 12 años para empezar a reproducirse. Por ejemplo el orangután tiene una cría cada 9 años. Cualquier impacto que haya sobre estas especies lleva décadas de recuperación en caso de que la pueda haber.

¿Por qué su conservación es tan importante?

Hay muchas razones por las cuales la conservación de los primates es importante. Además de las ecológicas vinculadas a la conservación de la biodiversidad, la salud de los ecosistemas y la preservación de los bosques, se debe considerar también que los primates hoy en día constituyen un recurso en términos económicos. Hay, por ejemplo, una industria de la recreación que está ligada a ellos y a su diversidad: zoológicos, turismo, películas o programas de televisión son algunas de las muchas formas en que gente de todo el mundo disfruta de los primates. Por otra parte, algunos autores del trabajo mencionan la importancia que tienen en ciertos lugares del Sudeste Asiático desde una perspectiva religiosa. Finalmente, no podemos subestimar la gran afinidad que tiene muchísima gente con el medioambiente.

¿Qué aspectos hay que considerar a la hora de pensar en la conservación de los primates?

Lo primero que hay que tener en cuenta cuando pensamos es que hoy en día hemos entendido que cualquier iniciativa de conservación debe considerar las necesidades humanas. El tiempo de la conservación, como tal vez se promovía más en los años ‘60 y ’70, que reclamaba no tocar nada sin importar qué pasaba con los humanos quedó atrás. Cuando yo hablo de la necesidad proteger los primates en la Argentina y pienso en el mono miriquiná de Formosa, en los capuchinos de Misiones o en el carayá en el norte del país lo hago considerando una problemática que tiene que incluir a las comunidades locales, la cuales valoran y necesitan de las selvas.

¿Qué medidas se pueden tomar para favorecer su preservación?

El desafío es lograr sectores de protección en diferentes áreas del mundo que nos permitan preservar cierta diversidad de los primates. Debo admitir que se me hace difícil ser muy optimista, creo que lo que hay que hacer es apostar a la educación de las próximas generaciones para inculcarles una valoración del medio ambiente, que no sólo debe pasar por lo racional sino también por lo emocional. Desde 1999 en Formosa trabajamos desde la Fundación ECO para promover la educación ambiental. Por otro lado, tenemos que preguntarnos qué puede hacer cada uno en nuestra vida diaria, porque probablemente si solo pensamos en una solución total nos veremos superados por la magnitud de los problemas. Algunas claves están en el día a día, en el cerrar la canilla, apagar la lamparita, no usar bolsas de plástico o alentar a nuestros hijos y nietos a disfrutar una caminata descalzos por el parque.

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