Araucaria, erosión genética y cambio climático

Foto de Zig Koch publicada en www.oeco.org.br

Por Juan de Dios, Biólogo, doctor en Botánica y jefe del Departamento de Botánica de la Universidad Federal de Santa Catarina / www.oeco.org.br

«Erosión» es un término latino que define la acción o efecto de erosionar, corroer, destruir, consumir y gastar de forma lenta y continua. Bastante empleado en la geología, indica el proceso de desgaste que transforma y modela la corteza terrestre, desencadenada por la acción de las aguas, de los vientos y de los glaciares, por ejemplo. En sentido figurado, el término también ha sido empleado para designar desgaste, deterioro o destrucción. Incluso en el contexto geológico, la erosión, cuando es inducida por actividades humanas, es considerada uno de los principales problemas de la destrucción ambiental, ya que el suelo es base para la vida en el planeta.

Las plantas y animales se ven afectados por los impactos de la destrucción de hábitats, promovidos por la conversión de paisajes naturales en favor de la expansión de la agricultura, la ganadería, la obtención de madera, la construcción de carreteras, ciudades, entre otras actividades humanas. Este proceso que reduce la variabilidad de las especies gana el nombre de erosión genética.

La explotación maderera, al provocar la disminución del número de individuos de una población, favorece la pérdida de variación genética. De esta forma, los remanentes quedan con tamaño inferior al mínimo adecuado para que las especies mantengan su continuidad y evolución.

 

En el largo plazo, los efectos se amplían con el aumento de la endogamia, el fenómeno asociado a la mayor probabilidad de autofecundación y apareamiento entre individuos emparentados. Se configura, así, la pérdida significativa de la diversidad, aunque técnicamente, no se tenga la extinción de dicha especie. El biólogo Edward Wilson afirma que cuando reconocemos oficialmente una especie como amenazada de extinción, en la mayoría de los casos, ya está al borde de la desaparición.

 

En las especies de la Mata Atlántica, son restringidos los estudios sobre cuantificación de la pérdida de la diversidad genética por la fragmentación y sobre la divergencia genética interpopulacional. En lo que se refiere al escenario de los Campos Naturales, uno de los ecosistemas que integran el bioma, ese conocimiento simplemente no existe. Lo que se sabe, sin embargo, es que en menos de cien años, la araucaria tuvo parte importante de su diversidad genética original perdida, principalmente, en virtud de la explotación maderera predatoria y de la drástica reducción de la cobertura original del ecosistema. La especie ya perdió el 97% de su ambiente original en Brasil. Los árboles con genes responsables de características particulares, como producción superior de piñones y madera, fueron priorizadas para el corte, ya que suministra madera de mejor calidad y en mayor cantidad. Los datos ya publicados apuntan a una pérdida genética superior al 50% en la variabilidad del árbol.

Los cambios climáticos agravan la situación La continuidad de las acciones humanas predatorias y del cambio climático agrava aún más esta condición. Mientras que los cambios climáticos dificultan la supervivencia de las coníferas por el mundo, las plagas y las enfermedades se convierten en una amenaza creciente, especialmente en áreas sujetas a eventos extremos o con una ampliación de las temperaturas medias. En el Bosque con Araucaria, son raros los fragmentos con área superior a 100 hectáreas. La mayoría se sitúa entre cinco y diez, y casi siempre aislados, lo que compromete aún más la situación de la especie.

Las semillas de araucarias son alimento ancestral.

La reducción en la población de la especie amenaza de extinción no sólo la propia, sino muchas otras asociadas a ella, como la canela negra (Ocotea catharinensis), la imbuia (Ocotea porosa), la canela-sasafrás (Ocotea odorifera), el xaxim , Y en el caso de los animales, como el macuco (Tinamus solitarius), los inhambus (Crypturellus spp.), La jacutinga (Aburria jacutinga), entre otros.

La conservación genética de estas especies raras y amenazadas debe garantizarse. Se trata de ejemplares que deben ser rescatados y cuidados como un patrimonio, sin sufrir con nuevas pérdidas. A pesar de presentar efectos extremadamente drásticos, en algunos casos, la erosión genética puede ser atenuada o revertida, por lo que la constatación de esa condición precisa inducir políticas públicas y acciones enérgicas inmediatas. De una vez por todas, necesitamos asumir un compromiso que impida el favorecimiento de un escenario aún más caótico y completamente irreversible para la conservación de la biodiversidad.

 

Publicado en https://www.oeco.org.br/colunas/colunistas-convidados/a-araucaria-e-a-erosao-genetica-que-destroi-a-mata-atlantica/

10 Jun, 2019 - Selva Paranaense

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