Agricultura familiar, medular en la nutrición y buena salud

En Misiones hay al menos 13 variedades de maíz. Foto: Montserrat Borio.

La salud se construye, se mantiene o se pierde socialmente, no vivimos aislados como sujetos y para entender qué nos pasa es importante contextualizar con la cultura alimentaria de cada pueblo. Por eso, perder las semillas nativas y criollas es perder muchos años de historia de prácticas agroalimentarias, es perder salud.  Hablamos de la tridimensionalidad del concepto de nutrición (biológica, social y ambiental) y su vinculación con sistema de producción locales.

Por Florencia Orlando, Lic. en Nutrición (Mat 103), Red de Agricultura Orgánica de Misiones. Julio de 2019.

Este tema lo abordamos  durante la construcción colectiva del mapa socioambiental que se realizó el  26 de Julio, en el inicio de la Semana Continental de las Semillas Nativas y Criollas, en Eldorado, convocado por la Red de Agricultura Orgánica de Misiones y la Fundación Rosa Luxemburgo.

En el lugar, hemos identificado, por zonas geográficas, los alimentos que producen familias y cooperativas, como maíz (14 variedades), mandioca (9 variedades), zapallo, calabaza, papa del aire,  huevos, miel,  yerba mate,  te negro y verde, batata, poroto, palta, banana,  mango, maracuyá,  cítricos (naranja, limón, mandarina y pomelo), mamón, sandia, melón, durazno, pepinos, moringa, stevia, azúcar de la red cañera, , arándanos y rosellas, frutales nativos, ananá y maní, brotes de tacuara en conserva, jengibre, hongos. También, 145 especies de plantas para la salud que actúan benéficamente en el sistema circulatorio, piel, en la salud sexual y reproductiva, en los sistemas renal y digestivo, en todo el cuerpo. Todo está en el monte.

Frutos y plantas medicinales de Misiones. Foto: Montserrat Borio.

Estos alimentos se producen de manera natural, asociando cultivos y obteniéndose de cada cosecha las semillas que serán replantadas año tras año. Son destinados al autoconsumo, a ferias  francas y al mercado concentrador, y se comercializan  en provincias como Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, en la Patagonia,  y países como Ecuador, Colombia, México  y en otros continentes como ser Asia, Europa, Australia.

Por el modo en que se producen, estos alimentos colaboran con la biodiversidad genética y cultural de los pueblos; embellecen los paisajes y entornos naturales; atraen aves, polinizadores; colaboran con los diferentes ciclos del agua, con los minerales (potasio, calcio, fosforo entre otros) y sustratos naturales que necesitan los diferentes reinos (plantas, animales y hongos) para crecer saludables. Todo esto en el marco de una economía circular para que luego formen nuestras comidas, de manera local,  estacional, segura, sabrosa,  histórica,  económica, saludable; comidas que se transmiten de generación en generación como parte del patrimonio tangible y cultural de los pueblos.

Las semillas y las demás formas vegetativas son la base de la alimentación, y si durante miles de años fueron domesticadas y mejoradas por los agricultores, no podemos permitir que ahora ingresen a Misiones (a través de un acuerdo entre gobierno o gobiernos y empresas trasnacionales) semillas transgénicas.

Producción agroecoloógica, fundamental para la vida en todas sus formas. Foto: Montserrat Borio.

Debemos repensar un plan alimentario para Misiones que incluya una reforma agraria (para evitar extranjerización de las tierras)  y que acompañe con presupuesto a los agricultores familiares agroecológicos y a quienes protagonicen una transición hacia un modelo libre de agrotóxicos; un plan agroalimentario en función del reordenamiento territorial, que prohíba el ingreso de semillas transgénicas y con exenciones impositivas para quienes producen alimentos sanos y cuidan el monte; que contemple cuidar los limites de las áreas protegidas, las comunidades indígenas, y evitar los desalojos de campesinos e indígenas de sus territorios.

En Misiones tenemos una diversidad que podría alimentar y nutrir a toda su población, pero para eso debemos pensar en revertir la lógica actual de producción de mercancías (foresto-industrial, eléctrica) y ahora de producción de  235 mil hectáreas de maíz transgénico para venderse a Brasil para alimentar los animales que luego serán vendidos a otros.

Debemos pensar en qué pasará con el agua y la huella de carbono si seguimos desmontando y utilizando agroquímicos; implica más petróleo, más agua, pérdida de biodiversidad (plantas, animales), erosión del suelo, sequias o lluvias exageradas, contaminación del agua e impacto sanitario sobre la salud de las poblaciones (enfermedades endocrinas, malformaciones, cáncer).  ¿Quién paga el impacto ambiental?

En Misiones producimos todos los alimentos necesarios para llevar a cabo una alimentación adecuada en calidad, cantidad, armónica y adecuada a cada persona o grupo (leyes de la alimentación, según el Dr. Pedro Escudero). Por eso, la producción debe acompañarse de políticas que atraigan a las personas a proyectos productivos en las chacras y eviten el continuo éxodo rural, y enseñando a los consumidores que cuando compro a un productor agroecológico, apoyo un sistema productivo, y cuando compro en supermercado, o cadenas largas, apoyo el sistema productivo agroindustrial.

El viernes y sábado último, la alimentación, los agricultores y el ambiente fueron protagonistas en Eldorado, convocado por la RAOM y la Fundación Rosa de Luxemburgo. Foto: Montserrat Borio.

Si cuidamos y reconocemos los recursos (suelo como ser vivo, agua, aire) y si cuidamos y reproducimos en las chacras la biodiversidad vegetal – animal, tendremos soberanía alimentaria, alimentos buenos para comer y para nuestra salud, sin depender de la variabilidad de los precios en los mercados (que además son objetos comestibles no identificados, adulterados, desvitalizados, sustratos a base de grasas dañinas, azucares y jarabes de azúcar,  inoculados con conservantes, colorantes, emulsionantes,  fosforo, flúor y sales en exceso), que no hacen más que debilitarnos y enfermarnos, además de llenar los bolsillos de las pocas empresas que los comercializan y venden apelando a publicidades engañosas y que explican hoy la pandemia de la obesidad y demás ENT enfermedades no transmisibles.

Hoy en día el mosaico epidemiológico, caracterizado por un predominio de las ETN enfermedades no transmisibles (enfermedades cardiovasculares, sobrepeso, obesidad, diabetes, hipertensión, cáncer), convive con enfermedades por déficit y enfermedades infecciosas. Si la revolución verde que prometía acabar con el hambre, no solamente no la resolvió, sino que además aumentó la cantidad de personas sobrealimentadas en el mundo, debemos extender nuestra mirada hacia horizontes mucho más amplios, para comprender mejor las intimas relaciones entre las prioridades socioeconómicas, la producción de alimentos, la salud humana y la salud del medioambiente.

Mapa Socio Ambiental, dibujado por agricultores, ambientalistas y profesionales de la salud. Foto: Montserrat Borio.

Barajar y dar de nuevo. Si de la calidad del suelo depende la calidad y seguridad de los alimentos,  si los procesos productivos implementados han generado la perdida de la biodiversidad, la desertificación de tierras y la transiciones alimentarias de muchos grupos  poblacionales de formas de alimentación tradicional a formas modernas de comer, han implicado problemas alimentario nutricionales que hace 40 o 50 años no lo sufrían, debemos reflexionar que la alimentación  además de nutrirnos, cumple una función social.

Los factores sociales y culturales tienen una influencia muy grande sobre lo que come la gente, sus prácticas alimentarias y los alimentos que prefieren, es decir intervienen determinantes sociales, culturales (religión y educación) y económicos que afectan a la nutrición de manera directa e indirecta. La dimensión ambiental debe ser atendida, es decir el impacto de formas agroindustriales de producir para una población mundial que aumenta, pero que daña gravemente los recursos, poniendo en riesgo la estabilidad de los sistemas de producción de alimentos para la próximas generaciones. La ciencia de la nutrición ha tenido avances en algunos aspectos, pero no ha sido de igual manera entre las distintas dimensiones, por lo que la nueva tendencia a seguir en esta perspectiva es “asegurarse de que la práctica de nuestra ciencia apoye ecosistemas sostenibles y ambientes sanos”, lo que conlleva a promover una dieta saludable, equitativa y sostenible.

 

 

31 Jul, 2019 - Selva Paranaense

Comentarios

  1. cecilia dice:

    Excelente a disposicion p hacer equipo p divulgar similares

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